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0 Publicado el Jueves 01 de Diciembre del 2016 ·

Premio Buen Ciudadano Empresarial AmCham: una década en permanente evolución e importantes avances

Desde 2003 AmCham Chile otorga el Premio al Buen Ciudadano Empresarial y, por octavo año consecutivo, SustentaRSE ha tenido la oportunidad de brindar acompañamiento metodológico y técnico a la Cámara durante el respectivo ciclo de premiación. La perspectiva de estos años transcurridos permite algunas interesantes conclusiones respecto de la evolución en las iniciativas de RSE de las empresas en Chile, en particular en el ámbito de la inversión social en comunidades, que es el foco específico del reconocimiento que entrega AmCham.

 

La primera observación es que los programas son postulados principalmente por empresas que han asumido un liderazgo en estas materias. Creemos que hay mucho espacio aún para ampliar el universo de compañías y organizaciones comprometidas con el desarrollo sustentable de las comunidades locales, indistintamente de la magnitud de su impacto territorial.

 

También es evidente la tendencia de ir superando enfoques filantrópicos y de crear modelos de intervención basados en la búsqueda de valor compartido; esto es, mejoramiento de la calidad de vida de actores locales como también beneficios para la propia empresa, asegurando la estabilidad y continuidad de las diferentes iniciativas. Por esta misma razón, sería recomendable que las empresas lograran definir con mayor precisión el alcance y la magnitud del mayor valor que, a través del programa, esperan agregar al negocio. Esa definición implicará necesariamente un alineamiento más estrecho de los objetivos del programa con los objetivos estratégicos y las políticas empresariales. Un círculo virtuoso, en que todos ganan.

 

En términos de gestión de los programas, se registran avances significativos: estructuras especializadas, presupuestos comprometidos para ciclos de varios años, diseños coherentes, líneas de base y mecanismos de evaluación y mejora continua, involucramiento y retroalimentación de los grupos de interés, en fin, el aprendizaje de más de una década en este nuevo ámbito de la acción empresarial va mostrando sus frutos.

 

Con todo, sigue siendo necesario fortalecer competencias diferenciadas. Los gestores de los programas de inversión social deben ser capaces de describir con mayor precisión el marco lógico de cada proyecto, desde aspectos tan obvios como definir los objetivos generales y específicos, y vincular estos últimos con las actividades, metas e indicadores. En cuanto a estos últimos, es relevante ir más allá de indicadores de cumplimiento de ejecución presupuestaria y de actividades, apuntando a medir resultados e impactos. Lo que importa, finalmente, es lograr transformaciones sostenibles de las realidades que se busca intervenir y mejorar.

 

En la versión 2016 del Premio Buen Ciudadano Empresarial, AmCham Chile decidió resaltar el valor de la asociatividad, otorgando una ponderación individual muy alta a este indicador, como señal de la importancia de construir capital social, impulsando la cooperación entre el mundo empresarial, las entidades públicas y la sociedad civil. En este aspecto, los programas postulantes dan testimonio del progreso experimentado. Vemos gran cantidad de programas muy asociativos, donde cada uno de los socios aporta lo mejor de su know how y sus recursos, en pos de soluciones innovadoras y de alto impacto. Pero aún quedan desafíos por delante. Por ejemplo, contabilizar, valorizar y reportar el aporte de cada una de las partes. Sólo así podremos conocer la rentabilidad social real de cada iniciativa, y estar seguros de que estos esfuerzos mancomunados permiten resultados significativos.

 

 

 

Maia Seeger

Directora Ejecutiva de SustentaRSE

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